26 de septiembre de 2009

ISLA DE LA PALMA 1 ( Visita a Bodegas Tamanca)

A principios del pasado mes de agosto decidimos, tal y como hacemos en los últimos años ,fijar un destino un par de días antes para aliviarnos de los calores mediterráneos buscando zonas más frescas, este año toco la impresionante Isla de la Palma, la isla de más altura respecto a la base del mundo, vegetaciones selváticas propias de la polinesia, el ultimo volcán que entro en erupción en España, si bien son decenas y decenas de ellos los que recorren de norte a sur y de sur al norte, norte donde encontramos uno de los parajes más impresionantes que se pueden admirar, la Caldera de Taburiente.

Llegamos tras un vuelo sin problemas y sin saturaciones aeroportuarias propias del mes de agosto ya que nuestro vuelo operaba desde la nueva terminal de Barcelona, una especie de gran solar esperando ser ocupado por más compañías. La isla se mostraba exuberante, verde, montañosa desde la ventanilla del avión. El pequeño aeropuerto en plena fase de restructuración y ampliación se nos mostraba encantador, un aeropuerto a la medida de las personas no como el pequeño Yaris que alquilamos que no estaba echo a la medida de nuestras maletas, carritos infantiles.... Un buen rato más tarde ya teníamos todo casi preparado, ahora solo teníamos que colocar la sillita del niño y al hotel a disfrutar de una semanita de montaña, playa y de unos de los mejores vinos dulces que podemos tomar, los vinos en suelo volcánico de la Isla de la Palma.

Dirección Puerto Naos, tras pelearnos al sol con la dichosa sillita del niño, mapa, gasolinera, que calor!!!!, cuantos grados de temperatura media decían que había en este isla???? 40º, 43º, esto que es??, más calor que en Barcelona!!!!, llegamos al hotel en el pequeño pueblo costero al sur de los Llanos de Aridane, allí el gran hotel de la cadena Sol Meliá, "Hotel Sol la Palma", parecía que hacia girar todo a su entorno presidiendo la bonita playa volcánica ( si buscáis pulseritas todo incluido, piscinas increíbles y habitaciones de lujo este no es tu hotel). Una vez relajados tras una hora en recepción para registrarnos para la dichosa tarjeta, llegamos a la piscina del hotel, coño, la han encogido!!!! y que conste que yo soy de esos que gustan de las playas no de las piscinas, pero coño la piscina de la foto del hotel era enamorante, nomino al fotógrafo al premio más grande que se pueda dar en fotografía y si decido alquilar mi piso algún día a turistas por semanas lo buscare para que le saque las fotos.

Una vez llevada las primeras decepciones empezamos a planificar la ruta, teniendo en cuenta que el pequeño va en el coche y que la madre y el que viene de camino también, así que nos pusimos manos a la obra con la esperanza que el aire acondicionado de la habitación nos permitiera dormir, el calor en las zonas comunes del hotel era insoportable, el resto nos daba un poco igual no vamos a ir ahora con tonterías cuando en vacaciones de mochila hemos dormido......., pero esa es otra película.

A partir de aquí os invito a conocer en dos entregas la Isla de la Palma y su viticultura, dividiendo la isla en dos rutas a partir de la visita a dos de sus bodegas, Tamanca y Carballo.

LA VINITICULTURA EN LA ISLA DE LA PALMA

El cultivo de la vid se inició en La Palma con los primeros repartimientos de tierras y aguas auspiciados por la Corona de Castilla. Las más ricas cortes europeas de los siglos XVI y XVII sirvieron en sus mesas vinos canarios que pronto adquirieron fama y prestigio debido a los viajeros, marinos, piratas, colonos, comerciantes y aventureros que recalaban en sus puertos. La estratégica situación de las Islas Canarias favoreció la exportación de sus caldos, estableciéndose muy pronto mercaderes -especialmente británicos- de vinos. Su calidad motivó un importante auge del comercio del vino, sobre todo del malvasía.

Parece lógico pensar que estas vides tuvieron que ser introducidas en La Palma en los primeros años del siglo XVI por algún colono, posiblemente catalán. El mercader británico de azúcares y vinos Thomas Nichols, a mediados de ese siglo y hablando de los caldos palmeros, es el primero que cita esta variedad al afirmar que "los mejores vinos se dan en un lugar llamado La Breña, donde se hacen cada año 12.000 pipas de vino como el malvasía". Tras la crisis de los vinos canarios en el año de su mayor declive (1848), este cultivo se vio afectado por el oidio y el mildiu. Durante el siglo XX el crecimiento del cultivo de la viña en la isla es continuado hasta los años 50, cuando se sustituye este cultivo por el de las plataneras, resurgiendo con fuerza la creación en 1994 de la Denominación de Origen Vinos de La Palma. Dada la especial topografía de la isla, los viñedos se encuentran en laderas con pendientes pronunciadas, entre los 200 y 1400 m. de altitud, en las que se han construido paredes de piedra seca. Actualmente se cultivan unas 1.627 ha., aproximadamente.

Las variedades vitivinícolas de La Palma se encuentran diferenciadas según las zonas de:

Hoyo de Mazo: los vinos típicos son los tintos y blancos.

Fuencaliente: los vinos en su mayor parte son blancos, secos y dulces, destacando la elaboración de los malvasías.

Zona norte: donde destacan los "vinos de tea", tinto y rosado, una verdadera joya enológica caracterizada por el sabor a resina que obtiene tras su fermentación en barricas de madera de tea (extraída del pino canario).

En la actualidad se comercializa el malvasía blanco seco, elaborado con uvas malvasía, de color amarillo ambarino, recomendado para aperitivos y postres, y el malvasía dulce, vino por excelencia de postres que se consigue con uvas de Los Llanos Negros de Fuencaliente y necesita madurez, sol cálido y cierta humedad. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen La Palma vela por el control y garantía de los caldos elaborados con uva palmera y hechos, criados y embotellados en La Palma. Entre sus bodegas se encuentran, Llanovid Soc. Coop. Ltda., que comercializa la marca Teneguía; Carballo, S.L., bajo la denominación de Carballo; El Hoyo, S.A.T., con las marcas Hoyo de Mazo y Mazegas; Tamanca, S.L., con la etiqueta de Tamanca; Castro y Mogán, S.L., con Tendal; Carlos Fernández, con el etiquetado de Viña Etna; S.A.T. Las Toscas, con la denominación de Viña Las Toscas; y Onésima Pérez Rodríguez, con Vitega. Todas y cada una de ellas llevan el contraetiquetado de la denominación de origen. Además del malvasía, otras variedades de uva son: negramoll, sabro, listán, bujariego, moscatel, almuñeco, albillo, verdello y gual, así como otras de menor producción.

Información extraida de www.lapalmaturismo.com

Fue el ultimo día el que dedicamos a visitar bodegas, un ultimo día que desgraciadamente no ocupamos en conocer en profundidad el como y porque de sus vinos y si en donde y en que situación ha quedado el viñedo. Salvo excepción del primer y los dos últimos días, gran parte de la isla estuvo en alerta por incendio, y lo cierto es que todo aquello pese a la distancia que tiene un turista con su entorno, si viajas, sales del hotel, hablas, comes con las gentes de los sitios, la tristeza y la tensión se palpaba en el ambiente, hidroaviones sobrevolando y las llamas al fondo completaban un cuadro dantesco, y claro el cuerpo no pedía hablar de fermentaciones, maceraciones.... así que compramos una buena provisión de vinos para catar en tranquilidad y solo entonces entraremos en materia tal y como se merecen unos vinos que si bien en tintos las notas minerales, balsámicas no nos atrajeron en absoluto si que lo hizo algún blanco y nos emocionamos los vinos dulces, ya contaremos ya, incluso intentaremos coordinar con Vinobodega.net la posibilidad de comprar vino en origen para ayudar a unos bodegueros, viticultores que lo han perdido prácticamente todo, viejos viñedos en la mayoría de los casos, muchos esperaban ir a ver los daños esperando que la planta pudiera regenerarse, bodegas y viviendas en otros.


Historia de las bodegas Tamanca

Unas amplias galerías excavadas en la montaña Tamanca (municipio de El Paso, en la isla de La Palma) en los años setenta del siglo XX y por las que cabe un camión perfectamente, sirvieron a su impulsor para instalar en ellas una bodega repleta de bocoyes. Con los años se hicieron insuficientes y por allí dentro llegaron a entrar depósitos gigantes, también de madera, que llegaron a La Palma procedentes de vagones de tren. A diferencia de otras galerías, las que buscan nacientes de agua en las profundidades de la tierra, aquí no hay que canalizar el gotear de las paredes para que salga al exterior, al contrario, es el líquido en forma de mosto el que entra y se guarda.

Valentín Simón “siempre hizo vino”, dicen sus descendientes, que han seguido la tradición de este palmero de principios del siglo XX, de Las Manchas, a la vez que han sido partícipes de la evolución que la elaboración del vino ha protagonizado en las islas Canarias, en especial durante las últimas décadas. El hijo de aquel agricultor con algunos envases de madera en una pequeña bodega, Federico Simón Cruz, puso en práctica antes el espíritu emigrante del isleño que la vocación por la viticultura y en 1951 celebraba su 18 cumpleaños navegando rumbo a Venezuela.

“Fue en 1959 cuando empezó”, dice su hijo, Federico Luis Simón Rodríguez, enólogo y último eslabón en la cadena generacional y vocacional. “Tenía los viñedos del abuelo, en la finca La Hacienda, que le tocaron a él, y se puso a elaborar y vender vino”. Con los ahorros que trajo compró una finca de plátanos y después se fijó en la montaña Tamanca, donde adquirió más parcelas para dedicarlas a la producción de uva. De unos modestos ocho mil litros pasó con el paso de los años a los cuarenta y cincuenta mil, pero su bodega estaba lejos de parecerse a esas otras de tipo familiar y más modestas.

La montaña de lapilli perdió parte de sus entrañas y en su lugar Federico Simón hizo cuatro espaciosas galerías, que nada tienen que ver con las angostas que buscan nacientes de agua en otro tipo de suelos. En la entrada de una de ellas situó el primer lagar a la izquierda, después habría otro mayor a la derecha; y hacia el interior filas de bocoyes de roble americano de 600 litros. Con el tiempo, la tecnología fue entrando a la par que cada cosecha significaba un nuevo mosto y en vez de tanto pisar uva hicieron aparición una estrujadora manual que se movía con una manivela y, posteriormente, una eléctrica que separaba el engazo del fruto.

Depósitos ferroviarios
Los bocoyes llegaron a ser insuficientes para el ritmo de crecimiento de la producción y durante una cosecha grande, a finales de los sesenta, pese a que contaba también con tanques de cemento, buscó una solución de emergencia: compró dos depósitos gigantes de roble americano que procedían de vagones de tren y habían llegado a Canarias en la bodega de algún barco.

Los 17.000 litros que sumaron ambos envases no fueron suficientes al año siguiente. “Compró varios conos de cinco mil litros y dos grandes como los del tren, que se llegaron a usar pero no estaban en muy buenas condiciones, eran viejos y se fueron agrietando”. Tanto que alguno desparramó su contenido y se decidió prescindir de ellos. Le llegó entonces el turno a la fibra a mediados de los ochenta. Las galerías disponían de mayor capacidad en el mismo espacio al sustituir los viejos envases de madera por los abultados depósitos de fibra. Había más espacio y el pequeño bodegón abierto al público en la más pequeña de las galerías, donde se despachaba vino, pronto se convirtió en un amplio restaurante.

“Antes del ochenta y uno se vendía vino en la bodega los martes y viernes. Al abrir la tasca en ese año ya se vendía a diario, hasta que se convirtieron dos túneles en restaurante especializado en carnes, jamón y queso”, explica Federico Luis Simón, dedicado a sus tareas como enólogo en las galerías donde todavía se respira la tranquilidad, el frescor y la oscuridad de la bodega. En las galerías convertidas en restaurante la situación es distinta. Los bocoyes reconvertidos en elementos decorativos son ahora testigos de una vida que se mueve más rápido, al ritmo que los camareros deben circular para atender sin demora a los muchos clientes, nativos y foráneos, que se acercan a estos pasadizos de picón y piedra.

Última evolución
Ha sido Federico Luis Simón el impulsor de la última evolución que han vivido las bodegas Tamanca a partir de 1992, con la introducción gradual del acero inoxidable. “En 1998 toda la bodega quedará sólo con acero”, asegura[ba este mismo año], “y con una capacidad de 100.000 litros”. Llegó en 1991 en su calidad de enólogo y pronto hizo valer los nuevos conocimientos adquiridos. “Teníamos un atraso de 58 años y seguimos teniendo retraso. Pero con la nueva generación ha habido un cambio radical”, dice, en referencia a los numerosos jóvenes que salen al mundo laboral con otra concepción de lo que hacer en una bodega.

“Al principio se te viene el mundo encima, aunque ves que los abuelos también hacían cosas muy buenas. El mío tenía diez envases y distribuía el mosto para hacer una fermentación continua de cumbre a costa”, cita un importante ejemplo. “Vendimiaba en la costa y repartía en envases el mosto, Luego seguía vendimiando a más altura y mezclaba los mostos: paraba la fermentación y refrescaba los mostos. Así salía un vino parejo, aunque podía variar entre un envase y otro”.

[De la hemeroteca del autor: Yuri Millares. Reportaje publicado por primera vez en el diario Canarias7 con el título "Galerías de vino".]

Información extraida de www.vinoscanarias.es



Vistas del mar de nubes desde la costa oeste de la isla.

Impresionante vistas de la Caldera de Taburiente desde la Cumbrecita.

Podrás acceder en tu coche hasta la oficina de información de " la Cumbrecita" desde el centro de Visitantes del Parque Nacional en el Paso.

Desde la oficina de información podrás hacer una pequeña ruta de algo más de 30 minutos por el mirador de la Cumbrecita y Lomo de Las Chozas, desde allí podrás admirar unas de las panorámicas más difícil de olvidar de la Caldera de Taburiente de todas las que pudimos ver durante la visita.

Visita imprescindible

Ruta de los Volanes

No podemos hablar de ella porque el incendio porque los accesos estuvieron cortados los días que teníamos pensado visitar la ruta pero por lo visto y leído la ruta tiene muy buena pinta.

Viñedos a más de 1000m. de altitud en escarpadas fincas en el perímetro exterior de la Caldera de Taburiente.

Roque los Muchachos nos esperaba allí en lo más alto, pero antes paramos en varias ocasiones para admirar los viñedos en laderas imposibles con la bonita estampa del Atlántico allí, allí abajo.
Roque los Muchachos ( que os puedo contar que no se halla leido en los periodicos este verano)

Vistas de las crestas de la Caldera de Taburiente.


Tras bajar de Roque los Muchachos paramos en Garafia, allí comimos a más de cuarenta grados en un acogedor restaurante " El Bernegal", recomendable pese al infernal calor en una zona donde habitualmente no sobrepasan los 25º, probamos el particular vino de tea cuya elaboración y crianza se realiza en pino canario ( curiosos aromas y sabores a resina de pino) . Tras la comida bajamos hasta la inmediaciones del antiguo puerto.

Los LLanos de Aridane


Sus calles están decorados por grandes murales pintados por famosos artistas de la talla de Fernando Bellver, Hugo Piti....


Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios

Restaurante San Petronio, curiosa adapatación de la cocina italiana.

Os recomendamos Tazacorte, tanto el pueblo coma la playa, podéis ir a la oficina de turismo,pasear por sus encantadoras calles, su historia, el museo del plátano....

Si tuviésemos que volver a la Isla de la Palama la playa de Tazacorte posiblemente seria uno de los sitios que erigiríamos para hospedarnos, la vida en sus calles y una de las playas más recomendables para ir con niños le hace un buen destino alejado de grandes complejos turísticos.

fin 1ª parte

Segunda parte Aquí
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